Escúchame, señor de la guerra.
Escúchame, señor de la guerra, a mí y a quienes como yo no pierden la esperanza, escúchame porque yo soy aquella sombra queperturba
tus noches y tu calma. Yo soy el fantasma al que intentas ignorar en vano, aquel que te insinúa repetidamente que no defiendes nada y a nadie valiéndote de tus armas y tropas sedientas de sangre.
Soy yo quien te repite que no hay más enemigo para tu nación que el que tú mismo has creado y que nadie te pedirá nada si tú no se lo arrebatas por la fuerza. Soy quien te cuenta lo que ya sabes, que con el genocidio, la masacre, las bombas, los tanques, la propaganda, las mentiras y el terror sólo proteges y aseguras tu ánimo de lucro.
Yo soy cada baja en el frente, cada gota de sangre derramada sin razón y cada bala perdida. Soy el civil asesinado por un error de tu delirante voluntad y soy también el niño que llora angustiado por haber perdido aquello que tanto amaba, de la misma forma que soy la madre ahogada en llanto o la mujer desesperada. Estoy con todos ellos y comparto su sufrimiento, no por simple compasión, sino sabiendo bien que son mis hermanos y compañeros, aunque probablemente no todos conozcan al causante de su mal, yo tengo claro quién es y que se siente dichoso en su opulencia.
Óyeme ahora, imperturbable y temido señor de la guerra, yo no vengo a suplicarte ni a rogarte nada, porque bastantes veces lo he intentado y no ha dado resultado. Hoy no me verás por tanto arrojarme a tus pies como en otras ocasiones ni sentirás impertérrito el calor de las lágrimas
derramadas. Me conoces bien y sabes que cumpliré mi palabra y que el llanto no acudirá a mis ojos.
Tampoco vengo a preguntarte por los motivos que te llevan a albergar en tu corazón los instintos más criminales para llevar la guerra, la muerte y el hambre a aquellos que tú consideras inferiores con cualquier pretexto inventado. No quiero que me expliques las razones por las cuales violas repetidamente y sin ningún cargo de conciencia los derechos más elementales del ser humano como son la vida en paz y la libertad. Ya conozco tus respuestas y sé que serán en vano, porque al igual que yo eres consciente de que no existe en el mundo un solo fin que justifique tu conducta. Podrás inventar mil excusas, pero de nada servirán, porque tu odio y tu violencia responden sólo a tus intereses.
Consciente de que mis ruegos y preguntas no surtirán el menor efecto en tu hierática estampa, con la mirada fría y la cabeza alta, vengo solamente a transmitirte la condena y el rechazo rotundo de la humanidad y principalmente de aquellos a los que tu soberbia se complace en oprimir. Vengo a exigirte que te detengas. ¡Basta! En nombre de la libertad, la paz y la justicia.
No espero tu respuesta, porque sé que desoirás mis palabras como siempre lo has hecho, o que me considerarás un peligro para tu mundo perfecto y desearás acallar mi voz ufanándote de que yo no tengo tu poder ni tu ambición, pero tengo la fuerza de la esperanza de miles de voces dormidas que resistirán sin rendición hasta el momento de tu partida. Este rechazo, este “no a la guerra” vigoroso y firme, jamás dejará de resonar mientras quede en el mundo un solo hombre fuerte e indomable. Nuestro canto nace del sentimiento del amor a la paz y es libre como el viento, los ríos y el océano, así que nunca podrá ser silenciado por tus armas. ontenido